miércoles, mayo 02, 2007

Corrida del Cristo, "Cuasimodo" Mallarauco, Domingo 15 de Abril de 2007

La fiesta de Cuasimodo, celebración del mundo católico chileno, que se lleva acabo el domingo de la segunda semana del tiempo pascual, toma sus orígenes en la colonia; el sacerdote lleva la comunión a los enfermos y ancianos. La tradición se relaciona con la necesidad de proteger al sacerdote, quien al viajar sin compañía corría riesgo de ser asaltado por bandoleros.

Las primeras palabras pronunciadas en la eucaristía de dicho domingo - Cuasi modo infanti o al modo de los niños- son las que bautizan a esta característica fiesta, a la que el Papa Juan Pablo II denomino como “Un verdadero tesoro del pueblo de Dios”.


La fiesta de cuasimodo se realiza en diversas parroquias, a lo largo de nuestro país, teniendo cada una sus propias particularidades marcadas por el espíritu y la esencia local.


Los Cultores:

Los huasos de la Parroquia San Patricio de Mallarauco, en este momento se dividen en dos grupos de cuasimodistas, el grupo más antiguo tiene más de un siglo, y recorre algo así como dos tercios del valle, desde la zona de Santa Victoria hasta Mallarauquito, donde se juntan con el grupo de cuasimodistas que vienen desde otra parroquia.

El otro grupo de cuasimodistas corre desde 1980, su recorrido es desde Santa Victoria, incluyendo este sector, hacia arriba, hasta donde comienza el valle, en Santa Elisa. La diferencia entre los dos grupos esta dada por la pañoleta, el grupo antiguo usa pañoletas rojas y blancas, el grupo más nuevo pañoletas celestes. Yo corro con este último grupo.

La pañoleta es celeste, por el polvo, es una razón práctica, que a la vez se combina con la influencia que tuvieron en Mallarauco un grupo de monjas que vivieron en el valle desde mediados de los setenta hasta finales de los ochenta. Hermanas Dominicas de la Presentación.

Los cuasimodistas, corren en parejas establecidas, se mantienen estas parejas y se respetan, pero es posible ciertos cambios. En la medida que comienza la corrida, los guías van cambiando según quien sea el "vaqueano" del sector.

Corriendo a Cristo:

El cuasimodo tiene un especial sentido, al darnos cuenta de que además de llevar la comunión a los enfermos y ancianos, salimos a proclamar, en procesión el fundamento de nuestra fe, la resurrección de nuestro señor Jesucristo.

Ese domingo mi primo (Matías) y yo, nos levantamos a las seis de la mañana. Ya el día anterior habíamos dejado todo medianamente preparado, nuestra ropa lista, los zapatos y las botas lustradas, la manta, un chaleco porque puede estar helado. A las seis y media había que pasar a buscar los caballos, y así salir antes de las siete rumbo a la medialuna de los Infante en Santa Victoria, para, como todos los años, reunirnos ahí a la misa de ocho.

Era primera vez que Matías y yo corríamos el Cristo, esa noche, la habíamos pasado inquietos, atentos y expectantes. Nos habíamos quedado hasta tarde, luego de comer, le habíamos dado a la conversa con unos tragos de vino, conversábamos y compartíamos nuestras expectativas, empapándonos de entusiasmo. Aún así, nos levantamos rápido, hicimos oración y luego un desayuno, aún así nos anduvimos atrasando. Los caballos nos esperaban listos, montamos y partimos al paso. Poco a poco se fueron sumando compañeros de camino, todos silenciados por el frío.

A medida que nos íbamos acercando, y el sol comenzaba anunciando calores, el ambiente festivo tomaba más fuerza. Ya no éramos unos pocos rumbo a la medialuna, y las personas estaban en las puertas saludando nuestra pasada.

Cuando llegamos a la medialuna, pudimos entrar y ver los que éramos, me lleno de alegría al recordarlo, Matías saltaba de emoción y yo también. Era impresionante, el ambiente de solemnidad y fiesta que se vivía. Las carretas y colosos, llenos de adornos y colores, las banderas y estandartes, los letreros que anunciaban la gloria de Cristo Rey. Los huasos todos bien encachados, el grupo folclórico y la música.

La misa comenzó a las ocho y algo, una ceremonia especial pues se vive de a caballo, me toco leer la segunda lectura, recuerdo hablaba de Juan, en el Apocalipsis, cuando el ángel lo envía, y le pide que escriba la visión que va a tener. En eso estamos. La celebración estuvo alegrada por los cantos del grupo folclórico y las cantoras.

A eso de las nueve de la mañana, partimos. Nos dividimos en dos grupos, un grupo, que acompañaría al sacerdote hacia el poniente, hacia el final del valle, donde se encontrarían con grupos de otras parroquias. Y nosotros los cuasimodistas que iríamos con el Diacono, recorriendo primero los enfermos del sector de Santa Victoria, luego los de Santa Teresa para finalizar en Santa Elisa y el Pimiento, donde nace el valle. Salimos en parejas, Matías seria mi compañero este año, nuestro lugar, tres colleras detrás de la carreta del Diacono. Eso, por ahora, lo increíble de este año, es que por primera vez, mi abuela recibiría la comunión, eso, además de darle un sentido extra a nuestra corrida, modificaba el lugar de Matías y yo, ya que nos hacia parte de los "guías" o "vaqueanos" de Santa Elisa, por lo que guiaríamos en un trecho, y quedaríamos en la parte delantera de la procesión, durante el recorrido de ese sector.

Llevábamos ya algo así, como seis horas sobre los caballos, cuando emprendimos el trote, desde Santa Teresa hacia Santa Elisa, y ahí a Betania el campo de mi abuela, que sería la primera parada en ese sector. Había un trecho largo de marcha sin detención, por lo que el "capataz" como llame yo, dijo que apuráramos la marcha. Matías y yo guiábamos, debíamos llegar primeros al portón del fundo, para abrir las puertas a la procesión, y luego llegar a la casa, y esperar al campanillero de a caballo para que anunciara el arribo del Santísimo.

De quién hablo como "capataz", era de quién, sin ser uno de los guías, iba pendiente de la logística de nuestra marcha. Él estaba al tanto de todas las detenciones, llevaba el tranco de nuestra marcha y establecía las relaciones con los carabineros que nos custodiaban. Además vigilaba que nadie se saliera de su lugar, que no hubiese problemas, que se respetara el espacio para el paso de los autos cuando venían. El junto con el campanillero, son los únicos que van y vienen de una ubicación a otra dentro de la procesión, si bien se mantienen más o menos al medio y cerca del Diacono, ambos además son los únicos que no tienen un compañero. Me detengo en el porque cumplían una función extraordinaria, de mantener el orden de la marcha.

Por otro lado el campanillero de a caballo, es quien va dentro del grupo de adelante, tocando la campana, anunciando a quienes están mirando el paso del Cristo Rey o a las casas la llegada del Santísimo. Así, las personas se arrodillan algunas, y se descubren sus cabezas, haciendo la señal de la cruz, en respeto a la presencia de Cristo en la ostia sacramentada. El campanillero, se detendrá en la puerta de la casa, donde se llevara la comunión, tocando la campana, hasta el minuto del arribo del Diacono, entonces cesara, y dejara paso al campanillero de a pie, quien entrara tocando las campanillas con el Diacono, en la casa de quién va a recibir la comunión.

Una vez que el Diacono termina, el campanillero de a pie, ira delante de él, tocando las campanillas hasta que se suba al carro. Luego el campanillero de a caballo, correrá, tocando la campana de un lado al otro de la procesión, anunciando la puesta en marcha, y luego gritara ¡Viva Cristo Rey! a lo que todos respondemos con una fuerza de adentro ¡Viva! los vítores continuaran, y la gente que esta en los lados del camino, acompañara en estos gritos.

¡Viva Cristo Rey!

¡Viva!

¡Viva la Santísima Virgen María!

¡Viva!

¡Viva la Santísima Iglesia Católica!

¡Viva!

¡Viva el Santo Padre el Papa!

¡Viva!

¡Vivan los cuasimodistas de Mallarauco!

¡Vivan!

Luego el carro de las cantoras comenzara una vez más a entonar sus canciones, cuecas llenas de alegría que mantienen fuerte el espíritu. Mientras en el carro del Diacono, las mujeres irán rezando los Ave María.

Vamos acercándonos al trote hacia la entrada del Fundo Betania y la casa de mi abuela. Al llegar nos encontramos con los símbolos de la espera del Cristo, con hojas de palmeras se ha formado un arco en la entrada, que esta decorado con flores, una vez adentro, en la casa se ha formado un altar. Las cantoras se callan, al igual que las mujeres que rezan, el campanillero de a caballo anuncia que viene Cristo, que Cristo ha Resucitado, que el Rey de Reyes llega a este hogar.

Para mí es un momento muy especial, la oportunidad que me da el señor de llevarle el Santísimo a mi abuela, quien le enseño a rezar a mi padre.

Los cuasimodistas somos recibidos con un vaso de chicha o de vino con fruta, para amainar el calor.

Luego de un rato el Diacono sale. Suenan una vez más las campanas, una vez más los vítores, y reemprendemos la marcha.

Durante nuestro recorrido, no todo ha sido, correr, hay dos estaciones de descanso, donde nos detenemos por unos minutos, y salen a recibirnos con vasos de chicha con harina, para la sed, el calor y el hambre. No todo en esto es sacrificio. En estos instantes uno tiene tiempo para compartir con la gente, con los huasos, escuchar anécdotas, y reír un poco. Así durante el día, pese a estar cada vez más cansados, el ambiente se va distendiendo, y hay algunos momentos para reír y compartir.

Así también, casi en el final de nuestro recorrido, luego de pasar por el Pimiento, volviendo a Santa Elisa, se produce un momento donde la solemnidad se vuelve a apoderar de nuestra marcha. Nos detenemos ante al animita del finado Peludito, antiguo cuasimodista, quien venia una vez, de a caballo y borracho, y al pasar un camión se le espanto la bestia botándolo al suelo, y dejándolo muerto.

El Diacono bendice la animita, y los cuasimodista de Mallarauco le rendimos homenaje vitoreándolo. ¡Viva el finado Peludito! ¡Viva!.

Cuasimodo termino, con un almuerzo a las cinco de la tarde en la casa del "capataz" en Santa Teresa, luego de llegar a la última capilla de Mallarauco en Santa Elisa, el Diacono dio la gracias, y la procesión emprendió el regreso, pero como es tradición, nuestro "capataz" se puso de anfitrión para un asado colaborado (es decir todos pusimos una cuota) bueno el resto es historia...

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